martes, 23 de abril de 2019

Comer como nuestros tatarabuelos



Hoy en día sabemos que nuestra alimentación está muy ligada a nuestra salud, las enfermedades no solo vienen predispuestas por nuestra genética, si no que estas enfermedades aparecen en mayor o menor medida según el cuidado que le demos a nuestro cuerpo.
En los últimos años el concepto de alimentación ecológica como sinónimo de una dieta que aporta salud a tu vida está en auge. Se ha demostrado que muchos de los alimentos que consumimos habitualmente son dañinos en gran medida. Muchos cánceres o enfermedades hormonales están ligados a estos alimentos (muchos de ellos refinados) como pueden ser los alimentos altamente procesados con una gran cantidad de conservantes, el alcohol, pollos con niveles excesivos de hormonas, el exceso de carne roja, etc. También está alimentación está llevando a que los índices de obesidad, sobre todo en los países más desarrollados, se eleve año tras año sin que nadie pueda hacer nada para remediarlo.  En conclusión; para cuidar nuestra salud, tenemos que empezar por cuidar nuestro cuerpo por dentro, desde la alimentación.

Según el Facebook de Comida Ecológica, se refieren a término como a “la comida ecológica es un concepto que contempla factores relacionados con la calidad de los alimentos, el origen, el proceso de elaboración, el estado de las personas que cocinan y sirven la comida y además el ambiente en donde se come”.
Como en un principio se puede creer, la alimentación ecológica no trata solo de alimentación vegana, aunque muchos de estos grupos de alimentación ecológica son llevados por personas que abrazan el veganismo. Estos creen que llevar una alimentación vegana y ecológica es lo más adecuado aunque expertos en nutrición contradicen esto y explican que lo mejor es una alimentación variada, aunque coinciden en que lo mejor es lo ecológico.
Lo ideal es que tuviésemos una alimentación con productos lo más parecidos a nuestros tatarabuelos, productos naturales que ellos mismos cultivaban, sin pesticidas, ellos mismos los recogían justo antes de ir a comer para prepararlos. Cuando necesitaban algo e iban al mercado compraban alimentos a gente que ellos mismos cultivaban. La carne de animales que consumían eran animales que la mayoría no comía pienso, no tenían antibióticos y mucho menos estaban hormonados o cebados con mangueras de engorde. Los huevos eran de gallinas que estaban libres y comiendo lo que se encontraban por el campo…

Como auge de este estilo de alimentación por la concienciación que están intentando inculcar, en el Salón de Gourmet son numerosos los puestos que presumen de que su producto es ecológico.  Ahora mismo que un producto sea ecológico es sinónimo de un plus de valor. Tenemos que tener en cuenta que una producción de productos ecológicos siempre va a ser más cara que una de un producto estándar ya que  el producto estándar tiene menos riesgos de sufrir plagas, enfermedades, los productos al estar alterados genéticamente o fomentados con otros productos químicos son más eficientes y producen más.
Nuevos movimientos de padres concienciados sobre este problema están saliendo ahora para luchar con este gran problema de la sociedad. En la revista Public Health Nutrition, confirman que los padres con menos estudios dan a sus hijos alimentos ricos en azúcares y grasas más frecuentemente que los que poseen un nivel educativo superior, que dan de comer a sus niños más productos de alta calidad nutricional, como verduras, frutas, pasta, arroz y pan integral. “Los programas de prevención de la obesidad infantil a través de la promoción de una alimentación saludable deberían abordar de manera especial y específica aquellos grupos socioeconómicamente desfavorecidos, con el objetivo de minimizar las desigualdades de salud”, concluye Miguel Fernández Alvira, autor de este trabajo e investigador de la Universidad de Zaragoza.

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