miércoles, 27 de febrero de 2019

David Jiménez, periodista camaleónico

Es un graduado en periodismo que pasó por muchos trabajos en este campo, desde corresponsal hasta llegó a ser director de El Mundo (a pesar de que solo fuese un año). Ahora trabaja para el New York times escribiendo en castellano.



Ha escrito varios libros entre los que se encuentra “el libro que le gustaría haber leído antes de estudiar periodismo” ya que tiene muchas experiencias de varias etapas muy diferentes.
El periodismo sí sirve, cuando salgamos de la facultad vamos a hacer cosas muy importantes . Aclara que sirve hasta parar detener guerras.
Ha tenido muchas experiencias como en Camboya; la granja de las gallinas, que es un gran prostíbulo donde los extranjeros van a hacer turismo sexual. Él quiso ir a verlo, lo llamaban 11K por estar a 11 km del centro de la cuidad. Cuando llego allí se abrían puertas y veía a chicas menores de edad que se le ofrecían a los turistas, realizó un reportaje en este sitio. Cada casa de esta ciudad se había convertido en un burdel. Al final del pueblo había la llamada la habitación rosa, donde se pagaba un extra por abusar de menores. Realizó un reportaje sobre esto y se publicó en el suplemento crónica de El Mundo.
Después de denunciarlo se fue a otro país a denunciar otra cosa, otra causa. Decidió que el periodismo rápido(estar de aquí para allí) no le llegaba, quería volver a los sitios, ver cómo estaba todo. Hijos del monzón que es un libro de regresos a los lugares de los que ya había estado. Habla de que fue de los niños en sus viajes. A sus jefes les desesperaba esta idea.
Volvió al pueblo de Camboya (15 años después) el pueblo de aspecto se encontraba exactamente igual, mismas carreteras... Primero se encontró un taller de confección, al siguiente otro taller de peluquería, el siguiente gimnasio, lo siguiente una sede de misioneros... David Jiménez estaba perplejo y pregunto qué había pasado, los misioneros le contaron que hace años había ido un periodista español que había hablado de eso, después uno alemán... así hasta que se dio a conocer esta situación. Los misioneros llegaron allí para ayudar y cambiar eso y poco a poco convirtieron los burdeles en talleres, excepto la habitación rosa que ahora es un museo de los horrores del tráfico sexual.

En otros de sus viajes periodísticos entró en Corea del Norte dos veces (a pesar de que no dejen entrar a periodistas) haciéndose pasar por vendedor de papel y vendedor de lencería. En Corea del Norte hizo periodismo en primera persona porque era muy complicado hacer otro tipo de periodismo. Le llamo la atención  que eso era una cárcel, aunque allí la propaganda decía que ese era el lugar más feliz del mundo y que en Europa y América se vivía fatal (solo enseñaban imágenes catastróficas, o de vagabundos).
Pero no hay que ir tan lejos para que el periodismo sirva para algo, el periodismo sirve para todo, desde tu pueblo denunciando a un alcalde corrupto, en tu ciudad hablando de la marginalidad... y aclara que hoy el periodismo es más importante que cuando él realizó ese reportaje hace más de 15 años. “No es lo mismo hacer periodismo que estar en una fábrica de lavadoras, nosotros hacemos un servicio público”. Para realizar esta labor bien hay que tener en cuenta de que nuestro trabajo va a tener un impacto, cosa que muchos periodistas han olvidado.
El trabajo consiste en servir a la gente, informar a la gente y hacerlo ajustándose a la verdad aunque la verdad no es absoluta pero tienes que tener el propósito de contarla.
Vamos a salir a una atmósfera muy tóxica donde la gente quiere contaminar. Por eso lo de hacer el servicio público es muy importante. Los periodistas tienen que estar orgullosos de su trabajo, decir sin pudor la misión de periodismo y denunciar a aquellos que están manipulando.
A pesar de las precariedades es una profesión muy bonita y todos encontrarán su hueco.
Hoy en día tiene prohibida la entrada en varios países (China, Birmania, Corea del Norte…), gesto que dice con orgullo, son sus trofeos, ahí es donde sabe que ha hecho bien su trabajo.

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